Ya es oficialmente invierno, nos lo anunció una tremenda nevada ayer. Hoy, sin embargo, hasta hace un rato ha llovido y lo ha hecho con tal suavidad que cada gota parecía el beso de un niño en la piel.
Como veis esta vez no escribo de noche, aunque la verdad es que la luz brilla por su ausencia porque el gris es el color que envuelve todo. Desde el ventanal los árboles casi no son verdes, sino grises, los tejados de las casas de enfrente han cambiado el marrón por el gris oscuro y las personas que caminan apresuradas por la calle visten mayoritariamente de gris con matices de colores oscuros, marrones, verdes o azules. Estoy segura que si me asomase al ventanal y respirase ahora mismo yo también me volvería gris, como aquellos hombres de Momo o los de La Loca de Chaillot.
No lo haré, porque yo hoy soy de color. De un color vivo y tan alegre que hace cosquillas.
Hace un momento, me he mirado al espejo y lo he visto, aunque no sabría identificar el matiz cromático, porque variaba continuamente: naranja, rosa, amarillo, violeta, blanco, luz…. Era como cuando mi hija era más pequeña y contábamos los globos de colores que soltábamos en la noche para llamar al sueño. Después de un buen rato, los globos se empezaban a tornar de colores especiales: cariño, beso de mamá, olor a bizcocho en el horno, vainilla, o sonrisa de niño (como la de las gotitas de la lluvia de hoy).
Pues eso, así brillaba ante el espejo hace un ratito. Lo disfrutaré porque en breve tendré que salir al aire gris y respirarlo y me invadirá y me apagará mis colores, y mi ropa se volverá gris con tonos marrones y me difuminaré entre los demás grises hasta convertirme en una sombra más de mi ciudad.

Al final pude colgarlo en la noche; será mi destino!!!
ResponderEliminarPrecioso cariño. Un beso
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