Aquí estoy, detrás del ventanal mirando la noche oscura y cómo los árboles mecen sus copas. Me gustaría decir que aburrida, pero hace tiempo que perdí esa capacidad. Una pena!!
Recuerdo de niña que tras llegar del colegio a las cinco y media hacer los deberes, jugar en la calle, ducharme, ayudar a poner la mesa de la cena y jugar con mi hermana aún me aburría hasta que llegaba la hora de irme a la cama, que nunca era más tarde de las nueve!! Hay que reconocer que el tiempo es una dimensión muy, pero que muy rara.
Y hoy, precisamente evoco esas tardes del otoño que se acaba, que solían inaugurarse con el cumpleaños de mi hermana, fecha en la que siempre llovía y nos solía jorobar nuestros juegos de calle!! La misma calle en la que hoy sería imposible que ni una sola niña jugase a la pelota o a la comba sin el alto riesgo de ser arrollada por los mil y un vehículos que pasan por ella.
Esos maravillosos cumpleaños que nos preparaba nuestra madre, dónde no faltaban la tarta de galletas y el chocolate calentito y en los que las decenas de niñas y algún niño que otro, todos vecinos del bloque, invadíamos el pequeño cuarto donde lo celebrábamos, pero cabíamos!!!.
También recuerso los regalos que recibía, siemrpe más valiosos que caros!!
Y hoy, asomada al ventanal, desde el que veo, o más bien intuyo, mecerse la copa de los árboles me aflora una sonrisa por la hermosa niñez, que aún conservo y nada ni nadie me arrebatará,
Y hoy, asomada al ventanal, desde el que veo, o más bien intuyo, mecerse la copa de los árboles me aflora una sonrisa por la hermosa niñez, que aún conservo y nada ni nadie me arrebatará,

Precioso. Un beso
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