Hola, buenas noches de nuevo. Ya veis que sigo experimentando. Hoy he incluido un vídeo y el tema que he elegido no ha sido casual, como os podéis imaginar.Gracias a la vida es un delicioso poema "carpe diem" del que nos solemos olvidar y la maravillosa voz de Mercedes Sosa lo magnifica.
Yo también doy gracias a la vida por todo, porque sin ella nada sería y, no quiero engañar a nadie. Me gusta vivir, me gusta detenerme a mirar las pequeñas cosas que hay a mi alrededor, porque tengo la fortuna de encontrar cosas bonitas.
Voy a compartir, aunque no sé siquiera si el verbo es adecuado, una de mis primeras sonrisas del día. Camino de mi trabajo me encuentro con dos señores bastante mayores. Uno lleva un perrito muy muy viejito y bastante cascarrabias (el perrito). Los tres caminan despacio, aún en estos días de frío semipolar, que visita Madrid, los tres juegan con el tiempo, ignorándolo, como si no existiese.
Llegan a un banco, siempre al mismo. Y el dueño del perro extiende cada día, sobre el banco una manta azul, con dibujos infantiles, inmaculadamente limpia, que contrasta con el gris del banco y de la mañana aún no clara del todo, porque al sol aún no le ha dado tiempo a despertarse y sus rayos no doran aún la ciudad. Y se sientan los tres, bueno el perrito se tumba y los señores abren sus periódicos gratuitos que han recogido previamente de la mano de alguna repartidora vestida de colores llamativos y helada de frío, y esperan que el día con su luz llegue a su banco.
Os confieso que me asomo a la ventana al rato de llegar a mi trabajo para verlos. Los tres siguen allí aunque las nubes tercamente se nieguen a retirarse y dejen ver el sol. Ya os he dicho que ellos ignoran el tiempo.
En los días más fríos, el viejo perrito se acerca mucho, mucho a su dueño-amigo-jefe de la manada y él, le coloca la mantita azul con dibujos infantiles encima, sencillamente, sin darle importancia y continúa su lectura comentada con su compañero de banco.
No sé a qué hora se van, ni cómo lo hacen, nunca les he visto, sólo he llegado a ver el rastro que han dejado: los periódicos sobre el banco (casi todos los que leemos los periódicos gratuitos los colocamos en lugares que puedan ser recogidos por otras personas).
Ya os he dicho qué no sé qué ritual siguen al irse, pero estoy segura que será similar al de que cuando llegan, despacio, sin estridencias, con guiños al tiempo. El viejo perrito se bajará con ayuda del banco, cascarrabias como cuando llega, después el viejito doblará la mantita azul con dibujos infantiles, ante la mirada antenta de su amigo, dejarán los dos periódicos en el banco, pulcramente colocados y se irán despacito a sus casas, o a dónde vivan. Pero siempre, jugando con el tiempo.
Y yo sonrio al ver a los tres en su mágica rutina y mi mañana empieza llena de dulzura.

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